“Los derechos laborales, la seguridad y la dignidad de las trabajadoras sexuales no son moneda de cambio política.”
Ante las elecciones generales del próximo 29 de noviembre, hacemos un llamamiento a todas las formaciones políticas que concurren a los comicios para que rechacen las políticas de criminalización del trabajo sexual y se comprometan con una política pública que priorice la seguridad, la autonomía, la salud y los derechos fundamentales de las trabajadoras sexuales. La lucha contra la trata de personas, la explotación sexual, la coacción y los abusos debe ser una prioridad indiscutible. Sin embargo, combatir estos delitos no puede ser la excusa para perseguir las relaciones sexuales consentidas entre adultos ni aprobar medidas que, bajo una finalidad supuestamete protectora, empeoran las condiciones de vida de quienes ejercemos el trabajo sexual.
No se puede proteger a las trabajadoras sexuales sin escuchar nuestras voces, respetar nuestras decisiones y evaluar las consecuencias reales de las políticas que se aplican en su nombre. Organismos como la ONU, Human Rights Watch y Amnistía Internacional y diferentes organizaciones de salud han expresado la necesidad de descriminalizar nuestra actividad para garantizar seguridad y derechos.
Decenas de organismos internacionales apuntan a una consecuencia fundamental: una política que pretende reducir la explotación termina aumentando riesgos a la salud y a la integridad física al obligar a las trabajadoras sexuales a desarrollar su actividad en condiciones precarias y clandestinas.
El debate no puede reducirse a una confrontación ideológica. Numerosos organismos internacionales han defendido la despenalización del trabajo sexual consentido entre personas adultas y han advertido de los efectos perjudiciales de los marcos penales.
Entre las referencias más relevantes se encuentran:
La trata de personas y la explotación sexual son delitos que deben perseguirse con todos los recursos necesarios. También debe garantizarse protección efectiva, asistencia jurídica, vivienda y apoyo económico a las víctimas, sin exigirles que protagonicen denuncias como condición para recibir ayuda. La existencia de explotación no convierte automáticamente en víctimas incapaces de decidir a todas las personas que ejercemos el trabajo sexual. Tampoco debe anular las diferencias entre trata, coacción, explotación, trabajo sexual consentido y situaciones de vulnerabilidad económica. Una política verdaderamente protectora debe distinguir estas realidades y actuar sobre sus causas, en lugar de imponer una respuesta uniforme, punitiva y que además silencia a las personas afectadas.
Por ello, reclamamos:
El 29 de noviembre, las dos opciones no son “abolición o regulación” es que vivamos clandestinas, o con derechos. Con miedo o con dignidad.
Pedimos a todas las candidaturas que concurren a las elecciones generales que adopten posturas proderechos y enfocadas a mejorar la calidad de vida de las trabajadoras sexuales, alejándose de las medidas populistas y punitivas del PSOE. Instamos a todos los partidos políticos a rechazar las medidas punitivas que aumentan la vulnerabilidad de las trabajadoras sexuales y a comprometerse con un enfoque basado en la evidencia, los derechos humanos y la participación de las personas afectadas en sus políticas.
La explotación no se combate invisibilizando a quienes la sufren. La violencia no se erradica reduciendo las posibilidades de pedir ayuda. Y la igualdad no se construye sustituyendo la voz de las mujeres por decisiones tomadas en su nombre.
La seguridad de las trabajadoras sexuales debe medirse por su capacidad real de vivir sin violencia, negociar condiciones seguras, acudir a la policía y acceder a la justicia, no por la severidad moral de las leyes que regulan sus vidas.
En estas elecciones, exigimos menos hipocresía, más transparencia y políticas públicas que puedan demostrar que protegen a las personas a las que dicen servir.