Aún no salimos del asombro de los movimientos del Ministerio de Ana Redondo para imponer la criminalización del trabajo sexual en España. Incluso cuando Francia asume que 10 años de criminalización recientemente cumplidos no han traído más que tragedia, violencia y miseria a las trabajadoras sexuales francesas y sopesa tres propuestas legislativas de rectificación, el PSOE del presidente que no es capaz de negar que su suegro financió sus primarias y de su superministro Ábalos sigue recto con su plan.
Y el plan es escalofriante. El primer paso fue una encuesta tendenciosa del CIS preguntando si las mujeres “prostituidas” ejercían una forma de libertad sexual. El segundo paso fue cargarse la posibilidad de diversidad ideológica protegida por ley en las entidades que reciben dinero para proyectos financiados por el Ministerio de Igualdad, y el tercero ha sido materializar el chantaje con nada menos que 20 millones de euros ligados a asumir el abolicionismo a cualquier entidad solicitante.


La peculiaridad española, a diferencia de Francia, es que retomar la senda criminalizadora implica remprender de manera inequívoca la senda que en 1956 tomó Francisco Franco cuando declaró por decreto la modalidad abolicionista. Aquel Decreto asignó al Patronato de Protección de la Mujer las atribuciones de reeducar y someter a las prostitutas, entre otras misiones. Por tanto queda claro que el Ministerio de Igualdad quiere y desea convertirse convertirse en el Patronato 2.0 externalizando funciones en entidades subvencionadas donde alguna curiosamente coincide con la época franquista.

El caso español es especialmente hiriente pues el movimiento criminalizador no se ha molestado ni tan sólo de cambiar la terminología franquista. En Europa la lucha contra las putas toma eufemismos como “Modelo Nórdico” o “Modelo Equitativo”. Al “abolicionismo” español no le ha importado continuar con las acciones de Franco utilizando su mismo lenguaje.
Es difícil competir en atención contra las guerras, los juicios de corrupción o las nuevas amenazas de pandemia. Pero sin duda lo que vive el trabajo sexual en España agota calificativos. Ana Redondo intenta doblegar la voluntad de todo aquel que no piensa como ella CON DINERO. ¿No era eso de lo que nos querían proteger?